Dios, concédeme la serenidad para Aceptar las cosas que no puedo cambiar El valor para cambiar las cosas que sí puedo Y la sabiduría para reconocer la diferencia Dame fuerzas Esta era la oración que ella repetía en la oscuridad La que decía antes de dormir Cuando el silencio pesaba más que el cuerpo La que la despertaba en la madrugada Cuando la mente no la dejaba descansar Yo la veía ahí Sentada en un cuarto sin luz Abrazándose a sí misma Tratando de entender Por qué dolía tanto Había mentiras, decepciones Acusaciones que no eran verdad Amores que prometieron sostener y soltaron Cosas que estaban hechas para romperla Hubo noches en las que pensó que ya no podía más Y aun así volvía a orar No para que todo cambiara Sino para no perderse ella Porque cuando no quedaba fuerza, quedaba fe Cuando ya no había respuestas, había esperanza Y en esa fe, aunque temblara, ella se quedaba El cuarto seguía oscuro Pero algo dentro de ella empezaba a encenderse No fue de golpe, fue despacio Así como amanece la vida después de una noche larga La fe no borró las heridas Pero tampoco dejó que la definieran No negó el dolor Pero no le dio la última palabra Y un día entró la luz No porque todo fuera perfecto Sino porque ella seguía de pie Y mientras la miraba salir de ese cuarto Lo entendí No estaba observando a otra mujer Era yo Y hoy, hoy agradezco a Dios Estar aquí más fuerte, más consciente Más viva que nunca Lo que no me quebró me trajo hasta la luz Y volví