Los veinte abriles daba yo Cuando dejé mi casa Por el mundo Para ir a rodar Mi pobre madre En su dolor, lloró de pena Y en alas del ensueño Abandoné el hogar Mi porvenir interrogué Y aunque me dijo el sabio Que era oscuro Proseguí con fe Soñaba al son De mis primeros años Sin ver los desengaños Pero desperté Sueño querido De mi tierna y bella juventud Fuiste espantado Por la negra ingratitud Solo me queda De tu mágico esplendor El yelmo roto De triste soñador Por eso cuando Llega a mi alma El lúgubre doblar De las campanas Siento ganas de rezar Sueño querido Ha pasado tu carroza Para siempre ya te has ido Y no volverás