Yo iba sola como siempre Con el cántaro en la mano Y la vergüenza en el alma Las mujeres ya no me hablaban Los hombres ya no me respetaban Cinco historias rotas me pesaban en la espalda Y un corazón cansado me pedía descanso Pero ese día, al mediodía Cuando nadie debería estar ahí Él me esperaba Un judío, un forastero, un hombre Pero no cualquier hombre Me miró y no bajé la cabeza Porque en su mirada no había juicio Había compasión Entonces Él me habló Hey, ¿me das de beber? Me detuve ¿Cómo tú, siendo judío, me hablas a mí? A mí, una mujer samaritana Una mujer marcada, una mujer olvidada Y Él respondió Si supieras quién te habla Tú le pedirías Y yo te daría agua viva Agua viva Agua que no se seca Que no se acaba Agua que no te deja con sed Después de probarla Y le dije Señor, dame de esa agua Entonces su voz cambió No fue dura, fue real Ve y llama a tu esposo No tengo esposo, le dije Mi voz tembló como mi alma Y Él me dijo Cinco has tenido Y el que tienes tampoco es tuyo Lo sé Y aun así sigo aquí Él sabía todos mis errores Mis decisiones, mi historia Y aun así me ofrecía su agua Su verdad, su amor Le hablé del Mesías Le dije: Sé que vendrá Y Él me dijo Yo soy, el que habla contigo Ahí, en medio de mi rutina En el lugar de mi vergüenza Se me apareció El Salvador Solté el cántaro Solté el pasado Solté el miedo Y corrí al pueblo que me escondía Al pueblo que me señalaba Y grité Venid a ver a un hombre Que me dijo todo lo que he hecho Y aun así me amó Porque cuando Jesús te habla Ya no eres la misma Porque cuando Él te espera En tu peor momento Es porque va a escribir contigo El mejor capítulo De tu historia