En los pasillos largos, sombras al caminar La brisa canta coplas que el alma quiere guardar ¿Quién deja en el aire un eco de su amor Un susurro eterno que se escucha con fervor? Ella era la luz que brillaba al amanecer Su voz, un río calmo que nunca dejó de ser ¿Es su risa o el viento que vuelve a acariciar? O quizá son las memorias que no se pueden borrar Coplas y arena, misterio y corazón Dos almas queridas que viven en mi canción Sus voces son caricias, sus pasos mi andar Coplas que en la tierra nunca se han de apagar En la arena callada, donde el Sol quiso llorar Él miraba al bravo toro que giraba sin parar ¿Quién guarda el silencio tras la calma del lugar Con ojos que arden y un espíritu inmortal? Él era la fuerza, la sombra en su pasión La calma que alienta con un latido interior ¿Es su presencia viva la que me hace recordar? O tan solo es un suspiro que no quiero olvidar En susurros divinos, la copla vuelve a ser Él y ella en el aire, unidos en su querer Es su fuerza en el día, su risa en el atardecer Dos almas eternas que nunca dijeron adiós Son ríos y mares que vuelven a cruzar En la calma del tiempo los dejo descansar Hoy sus huellas son vida que me guía al andar Su esencia en mis manos, nunca se apagarán Así guardo en mis manos sus pasos y su ser Como enigmas que la vida me enseñó a comprender Coplas y arena, dúos de la grandeza Que con este bolero, os quiero dedicar