A veces el amor no pronuncia su nombre Se desliza entre suspiros por las sombras del día Grabándose en la piel sin ser llamado Con la luz del amanecer que sin avisar nos guía Habita en el eco de lo que no se puede tocar En ese instante que no se olvida He caminado en silencios que nadie escuchó Con la esperanza, como única melodía Y fue en ti donde hallé el sonido sereno de la fe Ese pulso leve que da sentido a la vida mía Eres el susurro que no obedece al tiempo Que nace de la ternura sin causa ni medida La caricia que sin razón ni ley Solo Con su sola presencia compartida Más allá del alma Donde los cuerpos ya no pesan ni importan Vivimos en palabras que el viento guarda En cada latido que no tiene dueño Tú y yo, amor, somos lo eterno que aprendimos amarnos Si alguna vez me buscas Cuando las voces callen Besa el viento, susurra mi nombre al cielo Y allí estaré, esperándote, en otro encuentro En otra forma, en otra luz, en otra vida o en otro rincón del cielo Seré tu sombra fiel, tu refugio en la tormenta La voz que calma el duelo Porque el amor, cuando nace de lo más profundo, no conoce final Y aunque el tiempo cambie todo, su vuelo es inmortal Te siento Te adoro Te quiero Simplemente te amo