Desde el tercer piso y en silencio bordado Ella observa el vaivén de lo escuchado Sin interrumpir y sin intención de atención Vive en sus días observados Con sus años peinados Con los codos bien apoyados Y los ojos donde nadie se atreve a ser mirado Caminas por su calle sin saberlo observado Guarda todo aquello que En tus pasos cansados y en tus gestos forjados Ocultas aquello amado La señora del tercer piso Ni es misterio ni leyenda vana Es quien convierte el murmullo Del día en brisa temprana Adornada con bellas flores que alegran la calle Y un reloj con el tic-tac marcando la suave tarde Escuchando los murmullos con ternura Observando cada mirada que se cruza Nunca baja al portal Nunca habla en voz alta Pero si un alma se detiene La suya enseguida la exalta Sin buscar compañía Ni necesitar ser comprendida Ella simplemente está Como parte de la vida Si alguna vez la viste En ese instante Donde el alma se hace presente De aquello que te hizo Quedarte quieto Su silencio mostró algún secreto Y allí sigue En su altura callada Como si el mundo la cruzara Y a su vez la abrazará La señora del tercer piso No se despide ni desaparece Ella simplemente queda Donde el alma le agradece