En salones donde el polvo no entra Arden velas sin consumirse El mármol aprende a sostener Todo aquello que no quiere decirse Copas llenas, bocas selladas El rito exige pulcritud Bajo alfombras bien bordadas La noche afila su virtud Las campanas no preguntan Solo marcan dirección Hay relojes que deciden Quién merece respiración No hay sangre sobre los dedos No hay temblor en la oración El daño viste arquitectura Cuando aprende a ser razón Las manos limpias sostienen el pulso Sin recordar cuándo empezó a temblar El peso no cae sobre quien decide Sino sobre aquello que no puede hablar Las manos limpias no tiemblan Aprendieron a mirar atrás El mármol guarda los nombres Que no se atreven a pronunciar No hay grito en la ceremonia No hay culpa que confesar Cuando el mundo pide testigos Ellos aprenden a rezar Se firman sombras con tinta seca Se bendice la gravedad Hay decisiones que florecen Donde no llega la piedad Desde torres sin ventanas Observan caer la fe No es crueldad lo que gobierna Es la calma de no ser No empujan cuerpos al vacío Solo abren bien la señal El abismo hace el trabajo Si nadie lo quiere nombrar La ley se escribe en vitrales Hermosa desde el interior Desde fuera corta la garganta A quien confunde luz con Sol Las manos limpias sostienen el pulso Sin recordar cuándo empezó a temblar El peso no cae sobre quien decide Sino sobre aquello que no puede hablar Las manos limpias no tiemblan Aprendieron a mirar atrás El mármol guarda los nombres Que no se atreven a pronunciar No hay grito en la ceremonia No hay culpa que confesar Cuando el mundo pide testigos Ellos aprenden a rezar El mal no necesita furia Cuando aprende a parecer necesario Se sienta en mesas bien dispuestas Habla despacio Y llama orden a su reflejo en el daño ajeno No grita su nombre Porque el mundo ya sabe cómo obedecerlo Las manos limpias no tiemblan Porque nunca tocan la herida El mármol no sangra Pero recuerda cada caída Cuando el templo se resquiebre Y no quede dónde mirar Dirán que fue la noche Quien decidió nombrar Pero la piedra aprende grietas Y el hierro sabe esperar No hay torre tan alta Que no aprenda a caer