El Acontecimiento

Adolfo Celdrán

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    Mas los tiempos van cambiando
    y avanza la humanidad
    y, aunque los inventos nuevos
    allí tardan en llegar,
    un buen día el Sr. Alcalde
    al venir de la ciudad
    habló en el Ayuntamiento
    de la nueva novedad.
    - No lo diga, Secretario
    ni usted. Sr. Concejal
    que cuando deba saberlo
    todo el pueblo lo sabrá.
    El Alcalde al día siguiente
    era un hombre popular.
    Todo el mundo lo sabía
    y lo fue a felicitar.
    El pueblo, por fin, tendría,
    como cualquier capital,
    un televisor de marca
    con pantalla y con radar.
    El pueblo se preparaba
    al acto trascendental.
    Un señor muy importante
    lo vendría a inaugurar.
    Cuando, por fin, llegó el día
    todos fueron a esperar
    al señor y al aparato
    a la plaza principal.
    Allí en un entarimado
    ante el clamor popular
    se encontraban el Alcalde,
    la alcaldesa y el barbero,
    el cura y el secretario,
    la comisión, el maestro
    el boticario, el conserje...
    Los pocos que allí no estaban:
    (quince y el tonto del pueblo),
    con las mujeres y niños
    estaban bajo aplaudiendo.
    El primero fue el Alcalde
    y luego, hablaron el resto
    y hubo que llevarse al tonto
    porque aplaudía a destiempo.
    Cuando vino el importante
    ya todo estaba perfecto,
    todo estaba ya ensayado,
    en hablar fue él el primero.
    Luego, repitió el Alcalde,
    los demás lo hicieron luego
    mientras todos aplaudían
    donde debían hacerlo.
    Y, después, el importante
    tirando de un trapo negro
    lo inauguró al descubrirlo
    y darle al botón de en medio.
    Al ver el bello aparato
    un murmullo surcó el cielo,
    luego, todo fue suspense:
    Aquello estaba muy negro.
    -¡Se ve el pueblo!, dijo el tonto.
    -¡Calla, que eso es el reflejo!
    -¡Es que "tié" que calentarse...
    dijo a la gente el barbero.
    Una marcha, poco a poco,
    el silencio fue rompiendo.
    Y salieron unas rejas
    y todo el pueblo aplaudiendo.
    La gente, maravillada
    ante aquel tan grande invento
    estuvo como dos horas
    viendo rejas de progreso.

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