Queja Indiana

Carlos Gardel

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    Ay, ay, ay!...
    Ay, ay, ay!...
    Por la noche se oía,
    en la lejanía,
    ayes de dolor...

    Ay, ay, ay!...
    Ay, ay, ay!...
    Y el eco repetía
    la queja sombría
    de un fatal amor.

    En la paz nocturnal, silente,
    en que el campo parece tumba,
    el lamento tenue retumba
    sin cesar, muy tristón, hiriente;
    luego un buho, de cuando en cuando,
    lanza su tétrico graznido
    que al oírse deja oprimido
    de pesares el corazón.

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    Ay, ay, ay!...
    Ay, ay, ay!...
    Aquella almita en pena
    los aires ahí llena,
    con su evocación.

    Ay, ay, ay!...
    Ay, ay, ay!...
    En la noche serena,
    parece una quena
    su lamentación.

    En la arista del monte, un día,
    sobre unas matas estirado,
    al pobre indio lo han hallado
    que lloraba en su agonía;
    por sus males le preguntaron,
    y al hablar, tristemente dijo:
    Ella se fue llevando a mi hijo...
    Por mi cacique moriré!

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