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    Gambeteando los porrazos
    de la suerte mistonguera
    así andás, pobre Arañazo,
    cansao de tu vida fiera.
    Y aquel misho bodegón
    donde en más de una ocasión
    se alzó tu pinta altanera,
    sé que te hace recordar
    las veces que tu facón
    hizo a los guapos temblar.

    Hoy que en la vida te vas barranca abajo,
    se ha puesto triste tu semblante,
    pues has dejado de ser el scruchante
    que el elemento ponderó.

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    Lo que ya el fuego de tu alma
    se convierte en ceniza,
    se va perdiendo una sonrisa
    en los surcos de tu faz.
    Y al comprender que ya estás viejo
    bajás la vista al suelo
    y con amargo desconsuelo
    te ponés, triste, a llorar.

    Si de tu fama no queda ni el recuerdo
    no te lamentes de tu suerte,
    porque las penas al hombre lo hacen fuerte
    si no se dobla al sinsabor.

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