Viejecita mía

Enrique Dizeo

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    Congojas y hondos pesares
    y tristezas en mi hogar canté
    el amanecer doliente
    que el recuerdo de mi madre hallé.
    ¡Madrecita idolatrada!
    ¡Mi viejecita adorada!
    Tres años estuve preso
    y, al salir, ni el beso
    postrero te di.

    Y desde entonces he vivido
    horas de angustia,
    quejumbroso y solo
    acariciando los afectos que soñé
    y que mi pecho guardará.
    Hoy que del mundo te alejaste,
    ¡madre de mi alma!,
    yo te busco en vano
    y es cuando más tu fiel cariño
    lo imploro con ansias
    pero ya no está.

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    Madre mía perdoname
    los disgustos que en vida te di,
    demasiado te he llorado
    y te lloro lo que te perdí.
    Fue tan mezquina mi suerte
    que ni muerta llegué a verte.
    Cuántas penas que he sufrido,
    tal vez porque he sido
    muy malo con vos.

    Congojas y hondos pesares
    y tristezas en mi hogar canté
    el anochecer doliente
    que el recuerdo de mi madre hallé.
    ¡Madrecita idolatrada!
    ¡Mi viejecita adorada!
    Tres años estuve preso
    y, al salir, ni el beso
    postrero te di.

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