Virgencita de Pompeya (Medallita de los pobres)

Enrique Maroni

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    Virgencita de Pompeya
    nacida en el barrio turbio,
    como una flor del suburbio
    que embelleció al arrabal...
    Te llevo siempre en mi pecho
    de malevo y de compadre,
    porque te colgó mi madre...
    defendiéndome del mal.

    Me basta que tu recuerdo
    acaricie mi memoria
    para vivir en la gloria
    de una suprema emoción:
    compañera de mis noches
    de bohemio emperdenido,
    que estás sintiendo el latido
    de mi criollo corazón.

    Desde Palermo, a Barracas,
    de Puente Alsina a Pompeya,
    nadie se paro en mi huella
    ni se burló de mi fe;
    y en mis horas de tristeza,
    por muy hombre y muy derecho
    te saqué desde mi pecho
    y a escondidas, te besé...

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    Medallita de los pobres,
    bendita señora mía
    puesta por Dios como guía
    para aliviar mi dolor:
    Cuántas veces descansaste
    sobre aquel pecho querido
    de una mujer que no olvido
    porque a tu lao palpitó.

    Las vueltas que me he jugado
    por no dejar de ser hombre,
    cuando evocaba tu nombre
    al fallarme el corazón...
    ¿Y te acordás, Virgencita,
    la noche en que Pancho Almada
    me tiró una puñalada...
    y le rompiste el facón?

    Virgencita de Pompeya
    que no conocés el Centro.
    Pero que estás tan adentro
    en el alma nacional...
    ¡Te llevo siempre conmigo
    en mi vida de compadre,
    porque sos como una madre
    que me defiende del mal!...

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