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    Límpiame, mujer,
    sudor y sangre sólo traigo;
    ni siquiera soy aquél
    que viste partir.
    Mira bien, mujer,
    el llanto amargo que derramo:
    es lo único bueno
    que encontré para ti.

    Tanto si vencí
    como si vuelvo derrotado,
    se asoma la muerte
    por toda mi piel;
    y si han de venir
    para arrancarme de tu lado,
    átate a mi cuerpo
    de manos y pies.

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    Amada,
    sólo el agua clara
    refleja la luna
    que ayer adorabas.

    Amada,
    ya no tengo duda:
    no es la misma luna
    que llevo en la espada.

    Amada,
    ya no seré nada
    si tú no me llevas
    lejos de las armas.

    Información de la canción

    Composición: Javier Ruibal

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