Memoria Y Testamento

Liuba Maria Hevia

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    Te brindo ese poema que no sé escribir,
    te brindo el árbol viejo que me regaló
    las alas que aprendí, el grillo, la cometa
    y los nidos de las tejas.

    Te brindo la avenida, el muro del jardín
    cuando pasaba el "Caballero de París",
    la terca cicatriz que me dejó la acera
    y mis miedos y la guerra.

    Y la pedrada que dio con mi frente y un regaño,
    el escondite fiel,
    la cueva azul de los enanos.

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    Te brindo la guitarra que me despertó
    para escalar las notas del amanecer,
    un preso corazón detrás de su madera,
    y las flores y la escuela.

    La radio que animaba la conversación,
    un Silvio enamorando y un Serrat,
    mi madre en el portal, la sombra, la escalera,
    las rendijas y las puertas.

    El patio en que abracé la libertad del aguacero,
    el sueño de encontrar
    a la cigüeña en un sombrero.

    Te brindo el privilegio de vivir,
    a pesar de este mundo y del poder,
    con la necesidad de enamorar la tierra
    con los trinos de mi viejo cascabel.

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