A Lo Magdalena

Luis Alposta

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    Su historia empezó una tarde,
    en el preciso momento
    en que fue a dar a un convento,
    pues según ella contó,
    su mama la abandonó
    en el Mercado de Abasto
    y atorrando en un canasto
    una monja la encontró.

    Después de cumplir los quince
    dio el primer paso fulero.
    Se acoyaró a un quinielero
    creyéndolo un buen partido.
    Era un negrito fornido
    que, por ser rana y de oficio,
    cuando entró a junarle el vicio
    la empezó a fajar tupido.

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    Y al cabo de cierto tiempo
    de aguantiñar tanta biaba,
    cayó de suerte la taba
    y su premio fue un mishé.
    De aquí en más, lo que yo sé,
    es que éste adornó su frente,
    además de un regio ambiente
    por Larrea y Santa Fe.

    Y así, como en pleno mate
    en el que el agua se acaba,
    se cortó lo que se daba.
    ¡Muy poco el piolín se estira!
    Nadie por ella suspira,
    su escracho destila pena,
    y hoy llora a lo Magdalena
    al escuchar Yira Yira.

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