Carne de cabaret

Luis Roldán

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    Pobre percanta que pasa su vida
    entre la farra, milonga y champán,
    que lleva enferma su almita perdida
    que cayó en garras de un torpe bacán
    y que en su pecho tan sólo se anida
    el triste goce que causa un gotán.

    Su ilusión murió en el cabaret
    al compás de un tango compadrón
    y al notar perdida ya su fe
    quedó su corazón
    transido en la emoción
    el dolor las fuerzas le restó
    comprendiendo al fin su berretín
    y una noche que se encurdeló
    sus penas entregó a un rubio copetín.

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    Por eso su alma en silencio solloza
    y es una mueca su risa cruel
    y cuando besa su boca de rosa
    deja en los labios amargo de hiel
    y en su carita amarilla, ojerosa,
    se ven las huellas de un amor infiel.

    Y así fue en la pendiente fatal,
    del cabaret al hospital,
    y a ninguno encontró que por su mal
    tuviera compasión,
    pues sin razón la dejaron sufrir
    y a su ilusión la dejaron morir.
    Y así fue en la pendiente fatal
    del cabaret al hospital
    donde asilo encontró.

    Pobre percanta que está contratada
    vendiendo su alma por un copetín,
    que de una vida feliz engañada,
    lleva en el alma tristeza y esplín,
    y que pasando su vida amargada
    llora en silencio su pena sin fin.

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