Maldito tango

Luis Roldán

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    En un bazar feliz yo trabajaba
    nunca sentí deseos de bailar,
    hasta que un joven que me enamoraba
    llevóme un día con él para tanguear.
    Fue mi obsesión el tango de aquel día
    en que mi alma con ansia se rindió,
    pues al bailar sentí en mi corazón
    que una dulce ilusión nació.

    Era tan suave la armonía
    de aquella extraña melodía
    que lleno de gozo sentía
    mi corazón soñar.
    Igual que en pos de una esperanza,
    que al lograrla todo se alcanza,
    giraba loca en esa danza
    que me enseñaba a amar.

    La culpa fue de aquel maldito tango
    que mi galán enseñóme a bailar
    y que después, hundiéndome en el fango,
    me dio a entender que me iba a abandonar.
    Mi corazón, de pena dolorido,
    consuelo y calma buscó en el cabaret,
    mas al bailar sentí en el corazón
    que aquella mi ilusión, se fue.

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    Oyendo aquella melodía
    mi alma de pena moría
    y lleno de dolor sentía
    mi corazón sangrar...
    Como esa música domina
    con su cadencia que fascina,
    fui entonces a la cocaína
    mi consuelo a buscar.

    Hoy que ya soy espectro del pasado
    pido al ajenjo la fuerza de olvidar
    mas a mi pobre pecho destrozado
    nada hay que pueda su angustia sofocar.
    Del cabaret soy una triste mueca,
    ya nadie el tango conmigo más bailó
    y aquel amor pasó como visión.
    Y aquella mi ilusión murió.

    Maldito tango que envenena
    con su dulzura cuando suena,
    maldito tango que me llena
    de tan acerba hiel.
    El fue la causa de mi ruina,
    maldito tango que fascina...
    ¡Oh tango que mata y domina!
    ¡Maldito sea el tango aquel!

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