Un tango para mi vieja

Reinaldo Yiso

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    Un mate y un beso, así me despierta,
    me da su buen día con voz celestial.
    Después me acompaña, mimosa, a la puerta
    sonríen sus ojos mientras dice chau.
    Sus labios no saben jamás de reproches
    yo estoy, para ella, siempre en la niñez
    todo me perdona, hasta aquella noche
    que por ciertas cosas, yo me emborraché.

    Viejecita de mi vida,
    tu querer es dulce nido,
    allí no hay pena ni olvido
    todo es, ternura y amor.
    Si Dios me dejó, por suerte,
    tu querer es como un sol
    que nunca tu corazón
    quiera apagarlo la muerte.
    Este tango, vieja mía,
    este tango es para vos.

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    Un mate y un beso recibo a la vuelta,
    prepara la cena con una canción.
    La ropa limpita sobre mi catrera,
    cepillado el saco luciendo una flor.
    Por noble y por buena, por santa y divina,
    la llevo metida en el corazón.
    Mi vieja, muchachos, y todas las viejas,
    son todas iguales... ¡un cacho de Dios!

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