Despedida
Rolando Alárcon
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(Triste)
Déjame, madre, déjame que vaya;
me llaman desde lejos los caminos
y hay para mí dos alas en la playa
que esperan mi inquietud de peregrino.
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Déjame, madre, ir, tal vez un día
regrese, como ayer cantando siempre
para borrar tu pena, que es la mía
y este enorme cansancio de mi frente.
Déjame, madre, ir, y si no vuelvo
será porque mi senda se ha perdido
a la otra, más grande, luminosa y distante
donde vagan las almas de los seres perdidos.
Entonces, recordad los pobres versos
que yo escribí y que sentiste tanto.
Se detendrán mis alas en el viento
y empaparé mis alas en tu llanto.