La Tierra es una cama de sierpes sonrientes
Que marchan conscientemente inconscientes
Isla bienaventurada dueña de perfección que gravita
Entre las esquirlas del desprecio y la opulencia sin alma
Es un jardín de cloacas, un hogar de avatares
Puzzle sin guion, sin forma, sin precio
Papiro infinito digno de analfabetos que danzan
Sinuosamente bajo un ritmo universal e impredecible
Lecho de la llama que alumbra y de la luna que calla
Termitero de ríos de concreto y de ciudades
Subterráneas, sin murallas y sin aire
Es un astro de la vida y de la muerte
Plagado de semillas casi inteligentes
Semillas que carcomen su piel y sus entrañas mientras
Pomposamente hacen alarde de lo inexplicable
Es un valle de infinitas posibilidades, condicionado por
Flores marchitas, relucientes, pero marchitas, que propagan
Sus pregnantes pero famélicos sueños hasta condenarnos a
La locura de convertirlos en nuestra única razón de ser
Un lugar de todos y al mismo tiempo de nadie
El más majestuoso lugar
O mejor, el único que conocemos
Eso para mí es la tierra