Bajo el cielo, de una ciudad llamada París
Sentados en un banco de madera, desgastada por el tiempo
Dos voces en cabellos dorados
Se tejían destinos, destinos de amores
En sus miradas en fuego, se tambaleaban en hilos sin destino
Pero en su mirada, solo había un adiós
Celestina, de promesas ajenas
Bordaba amores en nuestros corazones
Con su sonrisa encendía mis pasiones
Pero ella nunca guardaba su amor
Ella bordaba huellas en caminos de otros
Uniendo destinos perdidos
Y en su andar ligero, la estrella fugaz desapareció
Quedando mi amor, como testigo de su pasión
La noche se cubrió con el temblor en mis labios
Cuando su voz pronunció otro nombre, uniendo al amor
Susurró con dulzura, sin pensar que la amaba
Hay alguien que te espera, alguien que te anhela
Y Quise decirle, Quise gritarle
Que los latidos en el cielo
La estrella que brillaba
Las sombras de la Luna
En mi silencio quise decirle, que era yo
Vio tantas manos enlazarse y ojos cerrarse
Vio cartas cruzarse llenas de amor
Pero nunca vio, que hubo un alma que le hablaba
Del sentimiento, del amor
Celestina de noches calladas
Testigo de historias que nunca se enamora
Que ella ya no recuerda
Que en aquella noche, su amor era yo