En un monte susurrante de su propio destino
Había pajirbetes, en vuelo divino
Pequeños y frágiles, buscando refugio
Pero la sombra acecha, ahogando su murmullo
El gallinero vacío fue su primer hogar
Pero sombras de raposas vinieron a asustar
La perra Sasha, con ojos de fuego
Puso a los pajirbetes en un mundo sin sosiego
Tovik, el menor, miraba con deseo
Sus ojos sombríos, un oscuro paseo
Sus risas se tornaron en un eco lejano
Mientras él acechaba, su juego insano
Las historias de horror se convirtieron en verdad
Por cuatro pajirbetes, la vida en oscuridad
Su ruego callado fue un grito herido
Y en la noche helada, el silencio fue su abrigo
Veintisiete volaron en un nuevo intento
Su refugio adaptado, pero el miedo en tormento
La madre velaba, perdida en la rutina
Mientras Tovik al acecho tejía su espina
Con manos pequeñas, ellos laboraban
En jardines y rincones, su vida transcurría
Más la amenaza de Sasha siempre estaba
Como un eco sin fin, que nunca desaparecía
Un día gris vino, un profesor sin control
Un trabajo en clase despertó un viejo rol
Traer pajitas, su mente oscura brilló
Los pajitas que amaba, su locura brotó
Capturarlos, un juego, una idea fatal
Un ritual oscuro en su mente animal
Las puertas cerradas, no había forma de escapar
Los pajirbetes sabían que su hora iba a llegar
La casa en silencio, la noche que no olvida
Diez pequeños cuerpos en la red de su vida
Atrapados en estuches, entre risas de niño
Mientras sus almas clamaban al cielo un destino
Los ecos del horror resonaban en el aire
La inocencia convertida en un oscuro desaire
Con cada pajita que caía por su piel
El dolor se volvía un macabro papel
Cortes y risas, un juego sin final
Los días se repiten en un ciclo infernal
Cuerpos en pena, hambre y agonía
Construyen castillos de cruel fantasía
Los que miraban, cómplices del mal
Sin un grito, sin un eco, al abismo hacia el umbral
En sus ojos brilla la indiferencia total
Son sombras que ríen ante el sufrimiento real
Todo empezó con un proyecto, inocente y vano
Quietud en un aula, llamas en un llano
Los pajirbetes perdieron su luz primigenia
Convirtiéndose en símbolos de una historia envenenada
No fue solo un juego, fue un canto a la crueldad
Un reflejo monstruoso de una sociedad
Y así se descuella el velo de los miedos
Los Pajirreclusos son viento entre los recuerdos