Buenas tardes, Don Tomás, aunque eran las diez del madrugar
Con su paso de domingo, aunque sea lunes sin pan
Con su sombrero ladeado y su formalidad al saludar
Nos regala su gesto amable, de quien como hoy casi nadie da
Como si en cada buenas tardes bendijera la ciudad
Y aunque no sepamos dónde está
Don Tomás nos conoce
Le basta un solo saludo para hacernos sentir hogar
Que al cruzar la calle el mundo dejara de pesar
Ay, Don Tomás, qué poco pide y cuánto da
Una bella tarde coincidimos en el bar
Entre humos y vasos sin lavar
Le comenté casi al paso: ¿Ya pensaste en qué le vas a regalar?
Y él bajó la mirada como quien no quiere contestar
No tengo un peso encima, murmuró queriendo esquivar
Y yo, sin apuro, solté: Pero el brindis no lo dejaste de pagar
Que es un regalo para quien no te deja de amar
Y aunque no sepamos dónde está
Don Tomás nos conoce
Le basta un solo saludo para hacernos sentir hogar
Que al cruzar la calle el mundo dejara de pesar
Ay, Don Tomás, qué poco pide y cuánto da
Desde entonces Don Tomás sigue igual por el portal
Pero su buenas tardes suena un poco más a ritual
Es en su saludo, por más noble y cabal
Donde uno percibe que hay algo que le pesa de verdad
Mi saludo siempre está con respeto y con paz
Porque todos somos un poco Don Tomás