Padre
No merezco ni mirarte
Me fui
Creyendo que allá fuera hallaría más que en Tu amor
Me alejé, tiré Tu nombre por el suelo
Vendí Tu paz por un falso consuelo
Tanto orgullo en mi pecho vacío
Y ahora lloro solo, temblando de frío
Gasté Tu herencia en placeres que no llenan
Abracé el pecado y perdí la condena
Me vi en el lodo, queriendo volver
Pero ¿cómo pedirte que me vuelvas a querer?
Vergüenza ajena, dolor propio
Me siento menos que un siervo roto
Pero algo en mí clama desde dentro
Aun caído, sigo siendo Tu encuentro
Indigno soy, pero Tú me esperaste
Mi ropa sucia, y Tú me abrazaste
No lo merezco, pero me amaste
En vez de juicio, Tú me levantaste
Indigno fui, y aún así
Me llamaste hijo y volviste a sonreír
Pensé que era tarde, que todo acabó
Pero corriste a mí, y el cielo brilló
No me diste lo que merecía
Me diste gracia, me diste Tu alegría
El anillo, la túnica, la fiesta
Cuando solo esperaba una puerta abierta
Y entendí que Tu amor no es castigo
Es refugio eterno, y abrigo
No hay pecado que Te haga dudar
Tu perdón no conoce final
Hoy camino sin cadenas ni miedo
Porque Tu misericordia es mi credo
Indigno soy, pero me diste nombre
Me hiciste hijo, me hiciste hombre
Me perdonaste, me restauraste
Y en Tu mesa otra vez me sentaste
Indigno fui, y aun así
Tu amor me cubrió, y volví a vivir
Padre
No merezco nada
Pero gracias
Porque en Tu gracia
Lo tengo todo